Racismo estructural el que tengo aquí colgado

Mientras nos tienen encerrados en casa bajo amenaza de sanción, mientras vulneran la ley y mienten sobre la mentira, mientras hacen trampas en la aritmética de muertos, se olvidan de contarlos y dañan por capricho ideológico la economía de los demás, la izquierda, es decir, los partidos que gobiernan con Bildu y su entramado omnipresente e ibexorgánico de palmeros, paniaguados, intelectualillos y lamebotas audiovisuales y escénicos, aun encuentra la fuerza moral y el cuajo suficiente para darnos (¡por el mismo precio!) una lección moral a cuenta del “racismo estructural” en Estados Unidos.
Su naturaleza insolvente, magufa y totalitaria se resume en el uso abusivo de términos como “estructural”. ¿Qué significa? ¿La culpa es individual o es de todos? ¿Paga uno su responsabilidad o se le asigna la de un colectivo? Pero incluso si asumimos el concepto, yo les pediría que no se fueran tan lejos. ¿Quieren luchar contra el racismo estructural? Pues empiecen por el de aquí.

Pero no por el de los negros instrumentales a los que usan y explotan, esos manteros madrileños a los que mantienen en la precariedad del salir corriendo para tenerlos como problema vivo y acuciante, obteniendo así el placer cerebral de su paternalismo y buena conciencia, no, no, ¡no! Algo mucho más estructural y mucho más cercano. Vayan al racismo o al etnicismo estructural de aquí.

Esta izquierda (los que mandan y los que aplauden lacayunos toda ofensa a la ley y a la libertad) bien podría escenificar aquí la imagen expiatoria de la pareja que besa las botas de los hombres de color en Estados Unidos, si no fuera porque prefieren otras botas.

Esta izquierda lame la punta zapatera de los herederos etarras y de las oligarquías nacionalistas vascas y catalanas. Esta izquierda que nos da lecciones de racismo estructural (¡en Minnesota!) admite el pisoteo a los derechos lingüísticos de los españoles “no históricos” y la eliminación de su identidad política y cultural; u ofende la memoria de las víctimas que lo fueron por ser españolitos morenos y meridionales en crímenes sin resolver y oscuras actas de negociación; o pacta y se inclina servil con los herederos intelectuales y políticos de los medidores de cráneos catalanes (¡Robert! ¡Gener!) y de Sabino Arana, que ha sido tan “vencido” como la ha sido la ETA. En España mandan los que recuerdan a Arana, y con eso está todo dicho. Mandan los herederos de Arana y la alternativa es que lo hagan los herederos de la ETA. Y ese racismo de origen, presente y rastreable en detalles como el desprecio y la animalización de los guardias civiles en los días de octubre, o en la descripción de los españoles como “raza” antidemocrática y autoritaria, visible con sólo afinar un poco el oído cuando se alteran los ánimos, está presente de lleno y desde luego no depurado ni expiado en las fuerzas nacionalistas y antiespañolas (destructoras de lo español, aniquiladoras de lo español), pero esto, no sabemos por qué, o quizás lo sabemos demasiado bien, no mueve a reflexión alguna sobre el racismo.

Que la hez política del mundo occidental, que quienes han celebrado elección tras elección con cadáveres calientes, que quienes son capaces de sugerir estatutos de doble ciudadanía, que herederos directísimos de un racismo tan evidente, reciban los lametones de botas de la izquierda hace muy difícil que podamos tomar en serio los gimoteos minesotos. Si es que hay alguien, a estas alturas, capaz de tomar en serio las imposturas cursis y siniestras y a menudo delincuenciales de esta gente.

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