La ciencia oculta del estado de alarma

La grandísima mayoría de los españoles que seguimos vivos y no hemos pasado por un hospital nos llevamos un enorme disgusto el miércoles. El catarrazo que cogimos en enero o febrero no lo provocó el coronavirus, sino que fue el de todos los inviernos. Sólo un 5% de la población tiene anticuerpos. Un chasco.

«El estudio de seroprevalencia nos da la razón», proclamó el taxativo ministro Illa. El Gobierno siempre tiene la razón en esta pandemia. Pareciera que no gestiona el segundo país del mundo con mayor número de muertos por habitante, ni el primero con más enfermeros y médicos infectados a causa de la falta de protección. Qué diría de sí este Ejecutivo si no fuese el que ha decretado la suspensión de derechos más férrea de entre todas las democracias y cuyos efectos económicos son más visibles en las colas de los bancos de alimentos.

Desde el siglo XVIII, la razón suele situarse en el cruce de caminos que une los hechos con los criterios adecuados. Si se ocultan los segundos, las decisiones sobre los primeros siempre estarán bajo la sospecha de la arbitrariedad y los intereses partidistas. De ahí que las democracias sean tan escrupulosas con la transparencia. Los presidentes que esconden sus varas de medir suelen refugiarse en categorías superiores, como la moral, la razón de Estado o en este caso «la ciencia», que es un contenedor simbólico tan lleno de prestigio como vacío de presupuesto. La ciencia sirve hoy en España para justificar cualquier medida política, pero no hay que afanarse en buscar el nombre de los científicos. Los laboratorios decisivos están en La Moncloa y en la sede del PNV.

El estudio de seroprevalencia indica que unos 2,35 millones de españoles han pasado la enfermedad, de los que 2,1 lo hicieron en la clandestinidad sanitaria, es decir, de forma asintomática y sin haber dado positivo en alguna prueba. La ausencia de una trazabilidad adecuada, como existe en Corea y en menor medida en Alemania, impide saber quién puede contagiar el virus y obliga a segmentar a la población para evitar el desborde el sistema de atención médica.

«No hay ni habrá inmunidad de rebaño», sentencia Illa, como conteniendo la euforia. El miedo seguirá guardando la viña. Tendremos alarma para rato. «El nuestro es el único camino», remacha Pedro Sánchez. Sólo el populista Boris Johnson al principio, y el autoritario Jair Bolsonaro y el Gobierno sueco en la actualidad han optado por una senda distinta. Por tanto, la discusión no está en el camino, sino en cómo andarlo.

Angela Merkel decretó hace un mes que no «era ético» aislar a los más mayores y se negó siquiera a debatirlo. Si de lo que se trata es de evitar el colapso del sistema, es llamativo que no se extreme el confinamiento del colectivo más propenso a ello y se alivie el del resto. Facilitaría la recuperación de la economía. Por ejemplo, el aforo de un bar sería mayor si en él sólo se mezclaran personas jóvenes que si lo compartieran con otras de la tercera edad. Sin embargo, supone una discriminación a un colectivo importante que exige un coste que los gobiernos no están dispuestos a pagar. Lo que dicen la ciencia y la economía siempre queda por debajo de lo que decide la política.

La segregación por tanto se mantendrá sólo en la escala horizontal, por territorios, y no combinada con una vertical, por grupos de riesgo. Las posibilidades de empobrecerse de un madrileño serán superiores a las de un bilbaíno por razón de su código postal.

Motivos sanitarios hay de sobra y muchos son comprensibles para la población más sacrificada. Pero, además, hay un coste político que el Gobierno está encantadísimo de abonar. La asimetría es el último resorte que le quedaba a Sánchez para encajar la modulación del estado de alarma con el diseño de apoyos para su mayoría parlamentaria. Para colmo, le permite confrontar con Isabel Díaz Ayuso en una batalla que recuerda a la de un gato que juguetea con un ratón mientras hace hambre para zampárselo. Un pequeño riesgo. Nadie simpatiza con los abusones.

Francisco Pascual – El Mundo 17.05.2020

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