Los bulos

Verdad es lo que se puede

Si bulos y posverdad existen, su pionero español fue Ferreras con las capas de calzoncillos del 11-M. No había WhatsApp entonces, pero si SMS, los que aportaban Pablo Iglesias y sus amigos.

Años después, en 2016. la posverdad se convirtió en palabra del año. Era la forma de explicar el Brexit y a Trump en el nuevo contexto de Internet. No es que se mintiera, es que ya no importaba la verdad. Era una queja cientifica del centro (obamo-bruselense) que miraba con asco ilustrado lo que pasaba a derecha e izquierda, los populismos. La palabra era tan útil que fue introducida en el diccionario. Contra la posverdad de internet solo servían los hechos (los facts, dicho en fino): de la sinrazón nos sacarían los «factchequeadores» y el periodismo de datos, aunque uno ha acabado manejando las cifras que da Illa y el sexador de facts ha terminado por ser… Ferreras.

Para Ratzinger, el espiritu moderno nace cuando se pasa del Verum est ens (La verdad está en el ser) de los escolásticos al Verum quia factum de Vico, la verdad es lo hecho. Después de Marx, la verdad ni siquiera será el hecho sino lo que se puede hacer, Vertim quia faciendum, la factibilidad. «El factum ha dado lugar al faciendum, lo factible». No importa el hecho ya, importa lo que se puede.

Sin embargo, aquí nos hablan del fact-check, cosa tan antigua, porque es la forma gubernamental de proteger la razón politico-televisiva frente a la libertad de internet. Decir facha no es suficiente, hay que llevarlo a la inexistencia (fake), lo no humano (el bot ruso) o lo tóxico (bulo viral). Pasar de la censura cultural a la penal o administrativa.

«Al trasmutarse en factum y faciendum se cambia totalmente el concepto de la verdad». No se investiga lo que es la cosa en si. sino la utilidad que tiene para nosotros.

Quizás por eso esta semana preguntaban en La Sexta si el PP condena los paseos de Mariano Rajoy, sin haber factchequeado las cosas que aún tienen pendientes de condenar ciertos socios del gobierno.

Hablan de facts, pero todo diría que están en el faciendum. El absurdo del hombre moderno, dice Ratzinger, lo representa el intento del barón de Munchausen de querer salir del pantano tirándose de los pelos. O sea Ferreras verificando un bulo.

ABC – 19 de Abril de 2020

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